lunes, 9 de diciembre de 2013

Te convertiste en un muerto, pero en vida.

Cuando consigues pararte, cuando consigues dedicar tu tiempo a ti mismo, te das cuenta de que esos años de gloria se han esfumado, han desaparecido. Esos años en los que uno no tenía preocupaciones por nada, en los que te enfadabas a muerte con tu amigo y al día siguiente os perdonabais y volvíais a ser mejores amigos. Aquella época en la que nadie sabía que era el orgullo, pero en cambio, todos sabíamos perdonar. Aquella época en la que realmente éramos felices. Recuerda, haz que vuelva a tu mente, haz que, todos esos recuerdos pasen por tu cabeza como los fotógramas de una película. Infancia. Los monstruos de debajo de la cama, pasaron, en apenas unos años a estar dentro de nuestras cabezas, a consumirnos por las noches. No nos rayábamos, tal vez porque nada o nadie nos hacía daño, nadie nos marcaba realmente. Que tiempos aquellos. Ahora, todo cambia, pocas cosas merecen la pena. Si contamos personas que valen en esta vida, me sobran los dedos de una mano. Adolescencia. Nos pisotea, hace de nosotros lo que ella quiere. Lo vemos todo negro, cuando quizá es marrón oscuro, e incluso blanco. Que negativos somos. Nos convertimos en piedras hace ya mucho tiempo. Y es que cuando te hacen daño, cuando aguantas putada tras putada empieza a resbalarte todo cada vez más y más, hasta que te haces inmune, ya nada puede arañar tu corazón de piedra.

 Dejaste de esperar cosas que sabias de sobra que jamás llegarían. Dejaste de pelear por gente que jamás movería un puto dedo por ti. Dejaste de abrazar a personas que te clavaban el puñal cuando dabas la espalda. Dejaste de volar, porque sabias que tarde o temprano caerías. Dejaste de sentir, porque te harían daño de nuevo. Dejaste de soñar, porque despertarías. Dejaste de vivir, porque tarde o temprano morirías. Y así fue. Te convertiste en un muerto, pero en vida. 

@elcoca98 

No hay comentarios:

Publicar un comentario